Serie Habilidades Invisibles y Liderazgo · Recalibrar
"Muchas veces no es que no podamos hacer ciertas cosas, es que ni siquiera nos lo planteamos; no nos damos ese espacio."
Hablar con Eva es recordar que no hay una única forma de construir una carrera… ni una única manera de vivir la maternidad.
Su trayectoria está marcada por distintos momentos de inflexión que, lejos de frenar su desarrollo, la han llevado a replantearse prioridades, a hacerse mejores preguntas y a construir su propio equilibrio.
A través de su experiencia aparece algo que muchas veces no se dice: que el aprendizaje no viene solo de gestionar lo que pasa fuera, sino de cómo nos reposicionamos nosotras dentro de ese proceso.
Recuerdo muchos, pero el primero fue una sensación muy clara: sentirme engañada. Mi madre siempre nos decía a mi hermana y a mí "nunca dejéis de trabajar", y yo lo tenía grabado a fuego. Empecé a trabajar con 17 años, estudiaba y trabajaba, tenía clarísima la independencia económica. Pero nadie me explicó que iba a tener dos trabajos a tiempo completo. El día que volví a trabajar después de mi primer hijo recuerdo decirle: "me has engañado completamente".
La sensación es esa: que estaba agotada todo el tiempo. Y además con esa ambivalencia constante: cuando estaba en el trabajo sufría porque no estaba en casa, y cuando estaba en casa, porque no estaba en el trabajo. Venía además de una generación en la que tenías que ser perfecta en todo, y hubo un momento en el que dije: esto es imposible, no voy a poder.
Luego claro que puedes, aprendes a priorizar, a organizarte, a pedir ayuda… pero en ese momento parece inmanejable y no estaba preparada.
Fue mi hija, ya más mayor. Un día me dijo: "yo de mayor no quiero ser como tú, porque todo lo haces corriendo y no disfrutas de nada". Fue un jarro de agua fría, pero tenía toda la razón. Me hizo parar y darme cuenta de que había ido demasiado rápido, que no estaba disfrutando.
Y ahí cambié cosas: empecé a subirme en mi lista de prioridades —yo estaba la última—, a salir más, a conectar con redes y a hacer más networking. Antes era trabajo-casa, casa-trabajo. Me di cuenta de algo importante: no solo era bueno para mí, era bueno para todo el mundo. Las cosas seguían funcionando igual, pero yo estaba mejor.
Y ahí también entendí algo que sigo viendo mucho: muchas veces no es que no podamos hacer ciertas cosas, es que ni siquiera nos lo planteamos; no nos damos ese espacio.
Me abrió el mundo. Venía de una compañía muy grande, muy cerrada, y al salir fuera empecé a conocer personas con realidades completamente distintas a la mía. Eso te da perspectiva, te ayuda a poner las cosas en su sitio y a entender que el mundo es mucho más grande de lo que pensamos.
Desarrollar la comunidad de Lean In en Barcelona también me permitió darme cuenta de que lo que yo había vivido y aprendido también aportaba a otros. Y, sobre todo, que no estaba sola.
Por eso siempre lo recomiendo: rodéate, conéctate, busca redes de apoyo. Porque no solo aprendes, también te sostienes.
Se trabaja. Cada persona tiene que encontrar el suyo, porque cada realidad es distinta. No es lo mismo tener un bebé que tener un niño de tres años, ni vivir una etapa que otra. Por eso es tan importante parar y reflexionar, preguntarte si estás bien, qué no está funcionando.
Muchas veces no paramos, pero cuando lo haces, lo ves bastante claro. Es hacerse las preguntas adecuadas y adaptar ese equilibrio a tu realidad en cada momento.
Muchísimos. Paciencia, adaptabilidad, capacidad de gestionar el cambio constante… pero sobre todo me enseñó a poner foco, a decidir en qué merece la pena entrar y en qué no. Viví una situación complicada en el trabajo durante mi segundo embarazo, y no fue fácil pero eso me hizo más fuerte. Me ayudó a entender cómo equilibrar mi salud mental, mi trabajo y mi familia, y a priorizar de verdad. A veces pensamos que todo es urgente y no lo es.
Hay que aprender a hacerlo. Nos han enseñado que tenemos que poder con todo, que pedir ayuda es una debilidad, y no es verdad. Es práctica: la primera vez cuesta, pero luego ves que funciona. En el trabajo también hay maneras de pedir ayuda desde lo profesional, sin que eso te reste valor. Pedir recursos, cambios en el equipo… Los hombres lo hacen constantemente y no pasa nada. Nosotras tenemos que dejar de pedir perdón por todo y empezar a pedir lo que necesitamos.
Que el equilibrio no viene dado. Tenemos que construirlo, entendiendo nuestra realidad, parando, reflexionando y haciéndonos las preguntas adecuadas.
Eva no habla de hacerlo mejor. Habla de hacerlo distinto.
De cuestionar la inercia, de revisar prioridades y de entender que el equilibrio no es algo que aparece, sino algo que se construye con decisiones conscientes.
Su historia no propone una única forma de hacerlo, pero sí deja una idea clara: ajustar el rumbo no es retroceder. Es empezar a avanzar de otra manera.
De estas conversaciones nace la fuerza que nos ayuda a avanzar.
Un abrazo y hasta la próxima.
Agustina
Cuenta con cerca de 40 años de trayectoria profesional dedicados a impulsar la cultura corporativa y la experiencia de empleado. Actualmente es consultora independiente y senior advisor en Employee Experience, Comunicación Interna, Cultura Organizativa y DEI. Lidera como Presidenta la comunidad de Lean In Network Barcelona, una red de más de 2.000 profesionales. En 2022 fue reconocida con el STEM Woman of the Year Award y el Premio Honorífico de ADE Vallès.
Si desde tu empresa quieres explorar cómo transformar estas experiencias invisibles en palancas de desarrollo y retención de talento femenino, hablemos.
Hablemos →